De la Salvación Inicial a la Salvación Final

[Continuación del Capítulo 5 del libro "The Believer's Conditional Security"
(La Seguridad Condicional del Creyente)
por Dan Corner.

Se concede permiso para reproducir este capítulo, sólo si se hace en su totalidad.


Las notas al calce para este capítulo están todas disponibles en nuestro libro, junto a cientos de notas al calce más.]

Salvo Y Salvación, Utilizadas En Diferentes Formas

En momentos diferentes, el Señor enseñó acerca de una salvación inicial y una salvación final con su uso de la palabra salvo. En el siguiente versículo él se refiere a la salvación inicial:
 
Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz, (Luc. 7:50, RV).
Pero en Mt. 10:22, Jesús le dijo a aquellos que ya eran salvos (vv. 1,2) que serían aborrecidos por causa de su nombre y él mencionó que era necesario que perseveraran hasta el fin para ser salvos:
 
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo (RV).
Este último pasaje es uno de los más claros en toda la Escritura para probar la seguridad condicional. En el mismo, Jesús se refiere a la salvación final, o a una real entrada en el reino de Dios. Aquí, igual que con el joven rico, la palabra salvo se refiere a una entrada en el reino (Luc. 18:25 cf. v. 26).

 En forma similar, Pablo se refirió a la salvación final al escribirle a creyentes de dos grupos diferente en la iglesia:
 
 

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor  (Fil. 2:12, RV).
En todo esto tengan en cuenta el tiempo en que vivimos, y sepan que ya es hora de despertarnos del sueño. Porque nuestra salvación está más cerca ahora que al principio, cuando creímos en el mensaje (Rom. 13:11, Dios Habla Hoy La Biblia en Versión Popular).
En el último pasaje, Pablo se refiere a una salvación que estaba más cerca para los Cristianos que cuando creyeron al principio. Esta es la salvación final, y para segar vida eterna él dijo que teníamos que continuar sembrando para complacer al Espíritu, en lugar de complacer nuestras propias naturalezas pecaminosas, y no desmayar (Gal. 6:7-10). Esta es la verdadera enseñanza de la gracia.

 En un momento diferente, Pablo escribió:

No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas os agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (1 Cor. 10:32,33, RV).
Miremos de cerca este pasaje. Pablo dijo acerca de sí mismo que el buscaba el beneficio de muchos para que fueran salvos. ¿Pero a quién se estaba él refiriendo? ¡El Versículo 32 sorprendentemente demuestra que era a los judíos, a los gentiles y a la iglesia de Dios! Esto significa que se refirió a aquellos que nunca llegaron al punto de la fe salvífica, tanto como los que sí llegaron. Por tanto, él dijo a todos en el versículo 33. El punto es que Pablo quería que aquellos que pertenecían a la iglesia de Dios fueran salvos en el sentido de realmente entrar en el reino de Dios. Esta aseveración de Pablo se relaciona con lo que él escribió en 1 Cor. 8:10-13:
Porque si alguno de ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano más débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano (RV).
Claramente, Pablo creía que alguno que estuviera en Cristo podía caer y perderse a través del ejemplo de un Cristiano con conocimiento que estuviera comiendo en el templo de un ídolo.
 

Dos Veces Para Vencer

En el momento de la salvación inicial, somos presentados como vencedores:
 
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo (1 Jn. 4:4, RV).
Vea también 1 Jn. 2:13,14; 5:4,5.

 Sin embargo, en un sentido diferente, el Señor se refirió a la salvación final cuando se dirigió a los que ya eran salvos. El declaró que tenemos que ser fieles hasta el momento de la muerte para vencer y no sufrir el daño de la segunda muerte:
 

No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. El que tienen oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte (Apoc. 2:10,11, NIV).
Vea también Apoc. 2:7,17,26; 3:5,12,21.

 Estos versículos fueron todos dirigidos a aquellos que ya habían vencido en el sentido de 1 Jn. 5:4,5 pero que no habían vencido por ser fieles hasta la muerte para no sufrir daño en el lago de fuego.

Pablo también utilizó vencer en este mismo sentido cuando les escribió a aquellos que ya habían vencido por la salvación inicial:

No seáis vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Rom. 12:21, RV).
Observe: el mal está siempre tratando de vencer a los Cristianos. Esto refleja nuestra contínua batalla espiritual aún después del momento de nuestra salvación inicial.
 
 

Hijo Utilizado En Dos Maneras

Nosotros claramente nos volvemos un hijo de Dios en el momento de nuestra fe en Cristo, esto es, en la salvación inicial. Pablo y Juan escribieron respectivamente de esto:
 
Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús (Gal. 3:26, RV).
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifetado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es (1 Jn. 3:2, RV).
Aún así, tenemos que ser un vencedor en el sentido de entrar al reino de Dios para ser un hijo de Dios en la eternidad y no tener lugar en el lago de fuego:
 
El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apoc. 21:7,8, RV).
Apoc. 21:8 describe a los no-vencedores, esto es, aquellos que no heredarán el reino (vv. 1-7) o como Pablo declaró antes, aquellos que segarán corrupción (Gal. 6:8).

 De nuevo, el libro de Apocalipsis fue escrito para personas que ya habían experimentado la salvación inicial (Apoc. 1:4,11). Sin embargo, los mismos tendrían que vencer siendo fieles a Jesús hasta el momento de sus muertes físicas, para no sufrir daño de la segunda muerte, conocida también como el lago de fuego (Apoc. 2:10,11; 12:11 cf. 21:8).
 
 

Revelado De Otras Maneras

La distinción entre la salvación inicial y la salvación final también sale a la superficie en ciertos versículos individuales como 1 Ped. 1:9:
 
 
Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas (DHHLBVP).
Pedro escribió esto para personas que ya habían sido salvas. Esto es evidente ya que habían sido redimidos por la preciosa sangre de Jesús (1:18,19) y hbaían nacido de nuevo (1:23). ¡Aún así, Pedro menciona que están obtendiendo ... la salvación de sus almas! Esa es la meta final de su fe. Esta forma de hablar, refleja nuevamente un aspecto de la salvación que ni siquiera las personas nacidas de nuevo han recibido en su totalidad.
 
 

La Justificación de Pablo

Pablo se refiere a un aspecto de la justificación el cual es muy pocas veces mencionado:
 
 
Para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforma a la esperanza de la vida eterna (Tito 3:7, RV).
En contraste con esto y con otras claras Escrituras, pero sin embargo, de acuerdo a SSS, MacArthur escribió:
 
 
Es un arreglo hecho, no una meta hacia la que trabajamos. La vidaEterna es una posesión presente, no una esperanza futura.
Querido lector, ¿cuál contrastante mensaje creería usted?
 

1 Pedro 4:18

En su primera epístola, Pedro escribió:
Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? (1 Pedro. 4:18, RV).
Pedro utilizó la palabra salvo en este pasaje de la misma manera que oímos al Señor utilizarla en Mt. 10:22. Además, él dijo que es difícil para los justos ser salvos. ¡Otra vez, eso fue dirigido a aquellos que ya eran justos (o salvos)! Tal vez Pedro tenía a Luc.13:24 en miente cuando escribió eso.

 Pedro también nos dice que añadamos a nuestra fe en Cristo, voluntariamente, varias virtudes para hacer firme nuestra vocación y nuestra elección (2 Ped. 1:5-10). [El versículo 10 no se refiere a la seguridad de salvación, como algunos dicen, sino más bien a hacer firme nuestra elección. Este pasaje es un verdadero problema para la teoría de la doble pre-destinación de Agustín y Calvino]

 Además de todo lo antes mencionado, es también posible que el Cristiano, entre el momento de su salvación inicial y la final, caiga de la gracia hasta el punto en el que Cristo no le sea ya de provecho (Gal. 5:2-4), de ser negado por Cristo mismo por haberle negado a él (Mt. 10:33), de volverse un enemigo de Dios nuevamente al volverse amigo de este mundo (Sant. 4:4b), etc. Desgraciadamente, desastres espirituales como estos le han ocurrido a personas que una vez fueron salvos, por perturbante que sea el ponderarlo.

 En claro contraste con Mt. 18:34,35 y especialmente con Sant. 4:4, Hal Lindsey escribió:
 
 

Hemos sido justificados y ahora Dios está en paz con nosotros y nada ocasionará jamás que El deje de estar en paz con nosotros (las bastardillas son suyas).

Mateo 18:1-3

¡Además de todas estas Escrituras, Jesús chocantemente dijo a aquellos que ya eran salvos, que noentrarían al reino de los cielos a menos que hubieran cambiado y se volvieran como niños pequeños (Mt. 18:1-3)! Por supuesto, es lógico que esto sea negado por el grupo de SSS, pero irrefutablemente respaldado por el contexto inmediato.

 J. Vernon McGee interpreta el versículo 3:

El llamó a un niño pequeño, lo colocó en medio de ellos, y dijo: "De cierto os digo, si no os volvéis como niños pequeños ..." (v. 3). Tienen que ser convertidos, por supuesto, pero tienen que volverse como niños pequeños si van a ser grandes en el reino de los cielos. El les está hablando de la conversión y entonces acerca de su conducta.
Querido lector, en el análisis final, usted debe decidir por usted mismo cómo interpretar Mt. 18:3, pero abajo está el versículo completo, con las palabras que faltan enegrecidas:
 
 
... y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mt. 18:3, RV).
Claramente entonces, a la luz de todo el material citado, después de la salvación inicial, la entrada de un Cristiano al reino de Dios, le puede ser negada.  Esta verdad básica, pero a menudo negada, explica esos incómodos pasajes sobre la vida eterna, que declaran que es una esperanza aún por ser segada y recibida en el siglo venidero, pero sólo para aquellos que persisten en hacer el bien y no desmayan. Esta era la enseñanza original sobre la gracia.

 Es sólo cuando uno abraza un punto de vista condicional para el creyente en Cristo, que todos los pasajes sobre la vida eterna, las diferentes formas en que se utiliza la palabra salvo, etc. pueden reconciliarse para obtener un cuadro armonioso de la carrera espiritual ahora. Este cuadro se nos da en pedazos a lo largo de las Escrituras.
 
 

Aquellos Que Finalmente Entran al Reino

Podemos aprender mucho al ponderar las variadas maneras con las que se describe en otros lugares de la Escritura al vencedor de Apoc. 21:7, que hereda el reino. Esta es también la persona que entra en el camino que conduce a la vida y fielmente persevera hasta el fin para ser salvo.

 Querido lector, mientras medita en lo siguiente, pregúntese a usted mismo: ¿Me están describiendo a mí estos versículos que se refieren a la persona que entra en el reino?

No todo el que me dice: Señor, Señor,entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos ... Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.  (Mt. 7:21,24, RV).
Y seréis aborrecidos de todos por cause de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo (Mt. 10:22, RV).
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. (Mt. 25:34-40, RV).
El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen (Luc. 8:21, RV).
Y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Jn. 5:29, RV).
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen (Jn. 10:27, RV).
Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad (Rom. 2:7, RV).
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo, segaremos, si no desmaymos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (Gal. 6:8-10, RV).
Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen (Heb. 5:9, RV).
Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? (Sant. 2:5, RV).
Y ellos han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte (Apoc. 12:11, RV).
Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados elegidos y fieles (Apoc. 17:14, RV).
Si usted no conocía estos importantes versículos, tal vez necesita dedicar algún tiempo de calidad para ponderarlos y aún memorizarlos.
 
 

Aquellos Echados En El Fuego Eterno

Para la gran sorpresa de muchos, la Escritura no dice en ningún lugar que los que van a terminar en el fuego eterno son personas que nunca tuvieron un momento de fe verdadera, como se enseña en nuestra hora:
 
 
Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes  (Mt. 13:41,42, RV).
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna (Mt. 25:41-46, RV).
... los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación  (Jn. 5:29, RV).
El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden (Jn. 15:6, RV).
Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, al judío primeramente y también al griego (Rom. 2:8,9, RV).
Así que, por cierto ya es una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios (1 Cor. 6:7-10, RV).
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías; y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amnesto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gal. 5:19-21, RV).
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna (Gal. 6:8, RV).
Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos (Efe. 5:5-7, RV).
Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apoc. 21:8, RV).
No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apoc. 21:27, RV).
Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira (Apoc. 22:15, RV).

Corramos con Paciencia

En cuanto a nuestra carrera espiritual, la cual ha sido descrita de varias maneras, Heb. 12:1-4 apropiadamente dice:
 
 
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado. (RV).
Distinto a algunos, Pablo mantuvo la fe hasta el mismo fin de sus días (2 Tim. 4:7). Querido santo de Dios, usted también puede, pero tiene que seguir fielmente las direcciones Escriturales citadas en la Biblia en cuanto a cómo hacerlo. (Vea el capítulo Salvaguardias para varias cosas que debe recordar.) Recuerde, el Cristiano en esta vida segará vida eterna, solamente si no desmaya en sembrar para el Espíritu (Gal. 6:8-10).

Parece que es muy importante recordar Hechos 14:22:
 
 

Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios  (RV).
Anímese, querido santo de Dios, es más fácil permanecer en el camino que conduce a la vida que entrar en el mismo, en primer lugar, lo cual es lo mismo que pasar de muerte a vida y de las tinieblas a la luz.  ¡Multitudes entrarán al final realmente en el reino (Heb. 11:12; Apoc. 7:9-17), pero somos todos incapaces de hacerlo por nuestro propio esfuerzo! Todos nosotros tenemos que apoyrnos fuertemente en Dios, mientras hacemos lo que nos corresponde, como enseña la Escritura. Observe el sinergismo en Rom. 8:13:
 
 
Porque si vivís conforma a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis (Rom. 8:13, RV).
¡Somos responsables de darle muerte a las obras de la carne, pero esto sólo puede ser hecho por el Espíritu!
 
 
Por lo demás, hermaos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efe. 6:10, RV).

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